Al final..

Imagina que una mañana te levantas de la cama, miras a la pared, y te han robado todas las fotos que tenías. Buscas corriendo en los álbumes, y no hay nada, están vacíos. Se han llevado tus fotos. Después, enciendes corriendo el ordenador. No hay ninguna foto. El fondo de pantalla es negro. Corres a por tu cámara. No está. Se la han llevado también. Primero simplemente te fastidia, porque eran tus fotos. Y luego, cuando pasan las semanas, o los meses, te das cuenta de que era lo único que tenías. Lo único que en un mal momento te podía sacar una sonrisa, o una lágrima. Lo único capaz de hacerte recordar lo que has sido, lo que otros fueron para ti. Un recuerdo es más recuerdo cuando ha sido fotografiado y lo tenemos en el ordenador, en la pared o en el fondo de ese álbum. Un sentimiento escondido existe cuando tus ojos fotografiados lo exponen a los cuatro vientos. Parece que sólo se es alguien cuando te fotografían o te graban. Como cuando naces, te hacen fotos, te graban. Empiezas a ser alguien. Ahora, cuando cosas tan básicas como la inocencia mueren, te das cuenta de que, en realidad, los recuerdos se te escapan en menos de lo que dura un parpadeo, y que cuando miras esas fotos, cuando todo parecía ser bonito, se te escapan lágrimas. Quizás ahora todo esté en su sitio para llenar nuevos álbumes de fotos y de recuerdos. Pero algunos recuerdos, algunas fotos, duelen. Porque decepcionan, frustran o te queman por dentro tanto como cuando sientes el flash en tus ojos ardiendo al igual que cuando te hicieron aquella foto. Y ya no queda nada de ese flash, de esa cámara, de esas fotos y de la gente que salía en ellas. Qué pena. Mientras tanto otras fotos aparecen llenas de gente que se ha quedado, o que siguen por estar. Y sabes que en algún momento, algunos de ellos serán sólo una foto más en medio de ese álbum. Será un recuerdo más. Si nos robasen todas las fotos también nos robarían nuestra vida. Somos el pasado. Nos guste o no. Las fotos somos nosotros mismos cuando ya no nos haga falta respirar para vivir, si antes nos han querido tanto como para ponernos en la pared de su casa y gritar al mundo que seremos un recuerdo para ellos.


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