Una vez me hablaron del miedo

Una vez me hablaron del miedo. Quizás muchas veces no lo sientas llegar. De repente se presenta en tu cama y te hace preso de él. Te envuelve. Puede acabar contigo en un minuto. Es destructor. Es letal. Es un asesino en serie de sueños, ilusiones o esperanzas. Sin embargo, nos resistimos hasta que comprobamos que no podemos vencerle. El miedo aparece cuando menos te lo esperas. Y acaba contigo cuando más fuerte e invencible creías ser.
De repente una situación nueva te horroriza tanto que eres capaz de evitarla por todos los medios aun sabiendo que el hecho de hacerle frente sería lo más acertado.
Todos tenemos distintos miedos en un momento determinado. Pero date por seguro de que al fin de nuestras vidas todos habremos sentido todas las causas de terror existentes. La principal, cómo no, es la soledad.
Yo no me imagino de ninguna de las maneras sola en cualquier ciudad sacando adelante mi rutina sin nadie en quien apoyarme, para llorar o para reír, da igual. Considero que para poder dormir tranquila por las noches sólo necesito una sola cosa: que alguien duerma en la habitación de al lado (o a mi lado). Y para vivir durante el día necesito que estén dispuestos a escucharme, que alguien como él me va a dar el beso de hasta mañana en esa esquina y que alguien me va a hacer reír tanto hasta tener agujetas. Y saber que ese alguien me quiere con locura, no me daría de lado nunca y me protegería tanto hasta quedarse sin aliento.
No me imagino todo esto sin ella. Sin... Sin ellos. Sin los que llaman (gracias por llamar). Sin los otros que pocas veces llaman. Sin los que nunca llaman. Sin los que no quieren ya llamar.
El otro día me hablaron de ser valiente y comerme el mundo sin desechar ninguna posibilidad. Me convencieron de que podría hacerlo yo sola. Y cuando creía que lo estaba haciendo se hizo todo de noche y entendí que no tenía nada que ofrecer. Sí. Empecé la casa por el tejado. Pero es que la volvería a empezar otra vez por las alturas. Por donde el sol brilla más y por donde mirado de lejos todo parece más bonito. Porque hay que aprovechar el tiempo, hay que hacer mil cosas, hay que divertirse, hay que hacer el amor, hay que QUERERSE, hay que emborracharse, hay que bailaaaaar, hay que cuidarse, hay que soñar despiertos, hay que escuchar mil canciones, hay que llorar de alegría y hay que escuchar. Hay que aprovechar el tiempo desde el minuto cero.

Mañana empiezo a hacerlo, que hoy he tenido un día de perros.

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