miércoles, 9 de febrero de 2011

Irreversible.

Las mañanas de los domingos de invierno. Los martes de cine. Obsesionarme con alguna canción. Las fotos en blanco y negro. La música de grupos ya olvidados, y aún más de los grupos que no se olvidarán aunque pasen miles años. Las terapias al lado de un café con chocolate. Los besos del fotomatón y las fotos de esa caja. Perderme en una ciudad desconocida. Chocolate con churros. La playa con luna llena. Fotografiar lo cotidiano y hacerlo especial. La mirada de la gente. Encontrar unos ojos verde hoja (y enamorarme de ellos si son sinceros). El café con leche condensada y un libro cualquiera. Sentir nostalgia por cosas que no he vivido y por las que nunca volverán. El té mate. Liv Tyler. Las vías de los trenes y los tranvías solitarios. Escribir corazones en el vaho del cristal del autobús y pensar en quién los verá. Correr entre aspersores. El sabor de los domingos compartidos. Las locuras por amor, o alguno de sus sucedáneos. Llorar hasta perder el control de mi propia respiración. El olor a césped recién cortado. Los besos en medio de Gran Vía y el vórtice de gente que se crea al rededor de ellos. Escribir como forma de llorar mi vida. Salir de los límites de lo cuerdo. Que encuentren mis puntos débiles. Los baños nocturnos. Descubrir la magia de las pequeñas cosas que se camuflan en nuestra rutina. El estrés, mi vida está vacía sin él. Vivir en el pasado, encerrada en mis recuerdos y descubrir los de otras personas. Los árboles en octubre y que llueva todos los días 20. El Rastro. Poder llorar delante de alguien. Perder el tiempo construyendo castillos de arena en mi cabeza. Las historias materializadas en pequeñas cosas. La melancolía. Las visitas y las llamadas inesperadas. Los besos robados y los abrazos de buenas noches. Las mentiras piadosas. Los números pares y la magia del 8. Praga. Las tormentas de verano. Kurt Cobain. Las noches sin dormir. Las montañas rusas y mi masoquismo sentimental. Las personas que saben que estoy mal porque me compro una cajetilla de tabaco. Encontrarme y hacerme promesas que nunca cumplo. Película y manta. Ir al fin del mundo en metro y volver con una sonrisa ganada. Los conciertos privados. El granizado de limón y el helado de limón con nata. La física relativista, me recuerda a mi corazón. Los retos intelectuales. Las manías de la gente. Los pueblos abandonados. El miedo psicológico. Los atardeceres rojizos y los amaneceres tardíos. Las caricias con las puntas de los dedos. Los terremotos en el estómago. La gente con pensamientos firmes, pero no inflexibles. Encontrar personas maravillosas en los cuerpos menos pensados. Luchar por algo que todavía no he descubierto. Las personas tímidas y misteriosas. Abrir corazones herméticos. Mis cicatrices. Que me cuenten los lunares de la espalda. Saber hasta qué punto llegarán ciertas relaciones, y descubrir después de mucho tiempo que tenía razón. Conseguir lo que quiero (pero sólo lo que quiero de verdad). Los poetas callejeros. Los clavos que quitan otros clavos. Sentirme deseada (mejor intelectual que físicamente). Las épocas de romanticismo exacerbado. Seguir sin poder vivir sin tus labios. Que se acuerde de mí. La ducha de por las mañanas. Chuparme los dedos. Terminar frases. Los caramelos violetas. Las guitarras españolas callejeras. El teatro, si si, porque la vida es teatro. Los antojos. La brisa marina. Las calles
desiertas.Extremoduro. (mi pequeño secreto muy mal guardado). La música en acústico. Leer por placer. El humo denso de las cachimbas. La inspiración y las ganas de escribir. Los idiomas, no entender a la gente. No entenderme a mí misma...







"El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué se vive"
Fiódor Dostoievski.

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