jueves, 15 de abril de 2010

Cuando echar de menos se vuelve algo malo,...

Soy una obsesa de mi mente, necesito que todo esté perfecto aquí dentro y ahora mismo no lo está. Y me molesta. Mi propia fábrica de pensar es lo que me daña esta vez. Estoy tensa, noto a mis costillas empujar hacia mi pecho con fuerza, como si les faltara aire, como si necesitasen despojarse de mi piel por un rato. Me cuesta respirar, ya no tengo la facilidad que tenía antes para llenar mis pulmones con el aire de esta habitación, porque apenas hay aire y si lo hay, mi boca no lo encuentra.
Qué malo es echar de menos. Ya no es que duela, es que te vuelve tarada. A veces me descubro pensando en cosas que ya pasaron, en lo terminado, y me resulta raro ser yo la que ahora está en la cama dando vueltas, intentando olvidar, intentando encontrar algo más bonito que el recuerdo para empezar a soñar con cosas que no duelan. Me siento incómoda aquí, asi baje la persiana o la vuelva a subir, asi esté de pie o sentada, no me encuentro bien. He cometido demasiados errores, o quizá sólo uno. Ni yo misma lo sé. Ni yo me sé. Es sólo que necesito parar esta bomba que tengo aquí dentro, este despertador constante que me mantiene alerta todo el rato, necesito olvidar las fotos mentales y todos esos momentos que ya no son y que probablemente no vuelvan a ser. Porque no puedo vivir. Porque así no puedo. Y no quiero ponerle nombre a lo que me está pasando, no quiero ser nada ahora mismo, ni estar de ninguna manera. Simplemente quiero acabar con esto, dejar de pensar, ¿es esto tan difícil? que alguien pare la máquina, por un rato, porque yo estoy adentro, estoy en el único sitio desde el que no puedo hacer nada y necesito que se acabe, antes de que se me acaben los nervios.

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