Las cosas se parten, y ya está. Puedes arreglarlas para que cuando vuelvan a partirse lo hagan más aún o dejarlas así. Hay un día, que te das cuenta de que cuando algo está roto es mejor dejarlo roto y buscar algo mejor o convertirlo en prescindible. Se parte algo, y sabes que eso ya dejará de estar en tu vida para que algo nuevo entre. O seguirá roto en alguna esquina de la habitación. De cualquier manera, las cosas rotas nunca vuelven a funcionar igual de bien. Y cuando una es imprescindible tienes un grave problema. Quieras o no, tienes que buscar una nueva. Aunque no sepas si funcionará ni siquiera la mitad de bien que la antigua y rota.

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